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continuación podrán leer algunos testimonios de personas que
participaron en sesiones de Ancestrología y quisieron compartir sus
experiencias y la forma en que reconstruyeron su historia:
¿En qué medida crees tú que aporta tu experiencia
a alguien que lee un libro para sanarse?
Yo creo que a mí la Ancestrología me hizo irme para adentro.
La Ancestrología me decía busca en ti, busca en ti, busca
en ti, porque en ti está el mundo, en tus ancestros está
el mundo. Y eso para mí ha sido un camino de reflexión,
la Ancestrología me hilo el sentido de todo lo reflexionado. Soy
más feliz ahora, lo paso mejor, porque no solamente juego sola,
sino que juego en grupo, vengo a la pérgola y veo como la gente
se sana, yo me sano con ellos, hacemos todos Hooponopono. Hay una cosa
colectiva en la Ancestrología, que los que somos libres pensadores
y que no andamos buscando gurues, que somos de distintas escuelas, de
distintos movimientos de distintos pasados, en el presente nos unimos
en una gran danza cósmica de sanación del planeta y de uno
mismo. Para mí eso ha sido la Ancestrología, más
que la teoría. Si nos sanamos nosotros sanamos el mundo, y si uno
se pregunta cómo sano al mundo, si me sano yo ayudo al mundo.
¿La Ancestrología incidió en la relación con
tu madre y con tu hija?
Ese era mi gran problema. Yo tenía un problema terrible de incomunicación
con mi madre y con mi hija. Las dos me tenían castigada, como si
yo me hubiera portado mal con ellas. Estaba complicada nuestra relación
y yo siento que de repente con la Ancestrología adquirí
fluidez, me orientó. Yo estaba desorientada, y la Ancestrología
fue como un mapa que me llevó a puerto, que me está llevando
a puerto.
Ha sido un mapa de navegación para la relación con mi madre
y con mi hija, lo paso bien con ellas. Antiguamente siempre tenía
miedo, cuando estaba con mi madre y cuando estaba con mi hija, ahora se
me quitó el susto.
Se me quitó ese drama, eso fue bien mágico no sé
bien como, porque muchos movimientos en público no hice pero hice
muchos movimientos internos. Pasaron muchas cosas. Me pasan muchas cosas
siempre.
….
La ancestrología es abierta, por lo que refleja muy bien el espíritu
de nuestra fundadora Lola Hoffmann. Porque Lola a todas las personas que
llegaban a su consulta y decían que venían de una parte
muy estrambótica lo encontraba fabuloso. Cualquier experiencia
de una escuela, de un grupo, de un siquiatra, ella nunca decía:
eso no es bueno, porque encontraba que mientras más elementos hubiera,
más riqueza tenía el mundo psíquico. Y eso funciona
en la Ancestrología porque se acogen los aportes de las personas,
se las considera, se las respeta. La gente está feliz. Yo pienso
que la gente se sana. Este es un lugar donde se obtienen herramientas
de sanación, porque la Ancestrología es toda la práctica,
no solo la teoría, es la práctica, el atreverse a protagonizar,
el viaje del héroe.
Paula Calvo
La llave de oro que sana nuestra Alma
Ancestrología, que fácil de comprender después de
todos estos años estudiando contigo, compartiendo los miles de
detalles familiares y situaciones que en ocasiones parecían casi
imposibles de solucionar. Pero qué difícil de explicar,
ahora que me pides que escriba algo para tu libro. Estando a un día
de mi cumpleaños, estoy feliz, el día es gris y frío
pero mi Alma se encuentra en paz ….ha sido mucho lo que ha pasado
desde aquel primer taller en tu casa mágica, hace ya más
de tres años. Muchas cosas vienen a mi memoria, pero particularmente
recuerdo el ver escrito en una gran cartulina blanca, los nombres de mis
padres, abuelos y bisabuelos ¡qué desconexión más
grande sentía con todos ellos! La primera sensación fue
muy fuerte y recuerdo que no paré de llorar, sin saber exactamente
qué me generaba tanto dolor….
Para mí ha sido muy difícil poner a mis padres en el corazón,
ya que mi historia familiar al igual que muchas otras, está cargada
de sensaciones de abandono, penas, sufrimientos, rabias, enojos y frustraciones,
y si bien no hay ninguna historia más triste o más trágica
que otras, es la mía, es mi historia.
Por más de 20 años justifiqué todo en mi vida o mi
forma de abordar la vida, basándome en la “triste historia
de mi vida”, mis padres, mi hermana, el abandono de mis padres,
la enfermedad de mi hermana, y en lo emocional llegué a empantanarme
en un bosque oscuro dónde no llegaba luz. Mi alma se enfermó
y yo también, tanto así que para mí no tenía
mucho sentido seguir viviendo. Diferentes circunstancias me hicieron seguir
“sobreviviendo”, yendo a cuanto sanador, chamán, sahumerio,
bruja (colega), vidente y médicos en general, en busca de quién
tuviera la llave mágica o la pócima mágica que me
permitiera salir de ese estado lastimoso en el que se había convertido
mi vida emocional.
Recuerdo claramente aquel primer árbol que hicimos juntos y la
cantidad de energía que movió en mi interior. Ver a mis
padres, empezar a comprender las circunstancias de sus propias vidas,
sus propios padres, y los padres de ellos, y así sucesivamente,
me hicieron reflexionar y por primera vez empezar a mirar a mis propios
hijos….Fue una experiencia muy fuerte tomar conciencia que durante
mucho tiempo estuve más enfocada en lo que mis padres “me
hicieron”, que en lo que yo estaba “haciendo con mis propios
hijos”; si bien no era repetir una historia, estaba siendo peligrosamente
muy similar. Esta toma de conciencia no ha sido para nada fácil,
ya que como todo trabajo de crecimiento personal, depende exclusivamente
de mi, y si bien tú me guiaste y me diste las herramientas para
comprender y sanar, no fue hasta que decidí tomar acción,
iniciar el proceso de madurar, tomar total control de mi vida, hacerme
responsable de mi presente, y comprender con altura de miras lo que mis
padres de verdad me dieron, que este trabajo de Ancestrología me
permitió ordenar a mi propia familia… Con pavor vi como había
invertido los órdenes de mi propia familia, poniéndome yo
en el lugar de hija y dejando a mi hijo mayor con responsabilidades emocionales
que eran superiores a lo que él, para su edad, podía asumir…
Este trabajo ha sido la más grande toma de conciencia de mi vida,
que me ha permitido sanar profundamente los vacíos de mi Alma al
descubrir que mis padres eran personas tan vulnerables como yo, y que
me era mucho más fácil culparlos a ellos de todo lo malo
que ocurría en mi vida, que tomar real responsabilidad de mi propia
vida, asumir mis roles con madurez, y no desde una eterna victimización.
Tomar total control de mis actos y más que todo, poner a mi padre
y a mi madre en mi corazón, con paz, con serenidad, pero sobretodo
con mucho amor, el comprender que en realidad mis padres me dieron la
vida, y depende solo de mí hacer de esa vida algo bueno y feliz.
No ha sido tarea fácil, porque mi ego siempre trataba de volver
a atraparme en los dolores y culpas… En fin, solo puedo decir a
quién lea estas líneas, que no existe ninguna pócima
mágica… Cada uno tiene una llave, que una vez unidas con
las llaves de nuestra sanación que tienen nuestros padres, se transforman
mágicamente en una llave de oro, que abre nuestra alma y la sana
para siempre. Una vez que comprendí que mi mamá hizo lo
que pudo con las herramientas que tuvo para criarme, se me hizo fácil
aceptar muchas otras cosas en mi vida. Para mí fue mucho más
difícil poner a mi mamá en el corazón, porque si
bien la amaba profundamente, siempre critiqué sus actuaciones.
Con horror vi hace no mucho tiempo que yo repetía sus patrones
de conducta, aquellos que tanto critiqué.
La Ancestrología ha sido mi única sanación y solo
puedo decir….muchas gracias profe, por todo lo que me enseñaste
y por las herramientas que me diste, pero principalmente muchas gracias
por haberme devuelto a mis padres, ya que sin ellos respaldándome,
era una mujer huérfana que iba llorando por la vida. Ahora con
mis padres en mi corazón, soy una persona fuerte y segura que camina
para adelante y se enfoca en el futuro y que agradece cada día
el maravilloso regalo de vida que me dieron.
Verónica Aros
Estudié astrología por cinco años con Cristián
Campos y Ancestrología con Pedro Engel, esto me permitió
recuperar la intuición y los pilares principales de mi vida.
La continuidad de mi vida está establecida por el presente para
poder avanzar al futuro, dando gracias, por favor, te amo. Descubrir que
el pasado de los dos seres que permitieron que yo esté en este
mundo les pertenece a ellos, y el presente y el futuro me pertenecen a
mí. Todo esto me permite hoy en día mirar hacia adelante
con amor, dejando que Dios lleve a cabo su libertad divina ‘por
favor, sí, gracias.
Con la Ancestrología he podido comprender y aprender que tengo
que poner a mis seres queridos en mi corazón y así todo
será cada vez más fácil, viviendo cada situación
con conciencia.
Mis buenos deseos para el futuro que viene y a quienes han podido hacer
de mí una persona cada vez mejor.
Laína Cáceres
El testimonio que yo quiero dar tiene que ver con un problema que tuve
con una demanda judicial que había recibido de parte de mi ex pareja,
el papá de mi hija Sofía. Planteé el problema acá
y en la ancestrología que hicimos surgió que yo tenía
temor o desconfianza de la justicia, cosa que no me sorprendía
porque era así, quizás por la historia que tengo con la
justicia en mi país. Mi temor era que llegada la instancia judicial
el fallo fuera contrario a mi interés, y mi interés tenía
que ver con el resguardo de la seguridad de Sofía.
Yo había intentado un acercamiento, un acuerdo, antes de plantear
el problema, pero no tuve respuesta. Por lo tanto, di por perdida la posibilidad
de acuerdo y pensaba directamente en la batalla legal ante la audiencia.
Al día siguiente, después de que me fui de acá, en
la mañana, me llama el padre de mi hija para decirme que había
leído el mail con la sugerencia de hacer a un acuerdo pre judicial
y me contestó que le parecía bien. A partir de ese momento
empezó a gestarse el acuerdo, el cual yo redacté, mi abogado
le dio la forma legal, se lo pasé al papá de Sofía,
quien lo revisó, le hizo algunos cambios, que en estricto rigor
consistían en omitir parte de la verdad. El acuerdo se aceptó
y lo firmamos.
Yo he visto la confrontación legal de un juicio, que además
de ser oneroso desde el punto de vista económico iba a significar
un gran desgaste emocional, porque más allá del veredicto,
llegar a la instancia después de un fallo es mucho más engorroso
que hacerlo de común acuerdo.
Hicimos el acuerdo que ahora está vigente y las cosas están
funcionando un poco mejor. Pero más allá de cómo
funciona, el punto era haber planteado el problema, haberlo representado,
representar el temor que yo tenia, representar la desconfianza ante la
justicia. La idea con la que salí de acá es que había
una posibilidad de solución fuera de la demanda judicial propiamente
tal. Que era el acuerdo que finalmente se logró.
PBD
Las voces de los ancestros
En la Ancestrología aprendí a convivir con mi muertos queridos,
a veces voy en el auto y escucho una canción y lloro de emoción
por que siento en ella un mensaje de mi padre otras veces en el cine me
conecto con una escena en que mi madre me dice algo o un abuelo.
Los muertos queridos nos hablan a veces con canciones y películas
Y se hacen presentes, nos quedan sus recuerdos y sus palabras. Y estarán
vivos mientras nosotros hablemos de ellos y así las generaciones
futuras los amaran como yo amo los abuelos de mis padres que nunca conocí
Son la nueva generaciones, los hijos los nietos los que nos dan las alegrías
del futuro y la vida se impone siempre hacia delante con el impulso que
nos dan los que ya estuvieron
Ahora somos nosotros somos los testigo de la historia, porque una familia
sin historia es un ser sin su infancia… muchas gracias taller de
ancestrología, gracias por estar cada uno. Escuché recién
el aria de la ópera de Wagner Tristan e Isolda que nos recomendó
Pedro, es algo potente que abre el chakra del corazón y lloré
sin cesar de alegría de gratitud.
Cosme Damián
Despidiendo la casa de la infancia
A mi mama y yo, nos toco desarmar la casa de mis abuelos, una casa que
el mando a construir cuando era la 1era de esa cuadra y el resto eran
potreros, fueron 50 años en esa casa y te imaginas lo que fue desarmar
y deshacerte de casi todo ya que la casa se vendía, fue súper
doloroso y uno inevitablemente abre heridas, por que se encuentra con
recuerdos, fotos, cartas etc. y comienza añorar ese tiempo pasado,
esos domingo con los primos el almuerzo en la casa de los tatas, la casa
que ahora se vendía para siempre ya que no se pudo salvar, eso
creo que fue lo más triste.
Hoy yo no paso por esa calle la evito porque me da una pena enorme que
ya no sea de nuestra familia, todos los recuerdos que quedaron en ella
se quedaron solo en nuestra memoria. En el taller de ancestrología
me despedí de ese lugar y le dije gracias, por todos los momentos
bellos que pase en esa casa gracias por todo lo que mi tata me dio y me
despido con amor del lugar de mi infancia
Melisa.
Fuente inagotable de inspiración
Lo primero que me surge es que hoy puedo mirar mi árbol: mis ancestros,
mis padres y mis hermanos y reconocerme en el. Algunas cosas como recuerdos,
hechos o historia me han resultado difíciles de integrar, sin embargo
las acepto. Trabajar en grupo me ha enseñado mucho cada ser que
ha abierto su corazón lo considero un regalo. Reconozco que a veces
me cansa y dejo pasar un tiempo antes de participar, es como si todo lo
que escucho necesitara tiempo para asentarse. He descubierto que he crecido
con esta experiencia, que me ha derribado prejuicios y me ha abierto el
cuore. Y lo que más destaco es el humor, el cariño y el
respeto que siento en tu taller. Infinitas gracias. Mi árbol, los
arboles de cada uno, son una fuente inagotable de inspiración
Meche
Esto ha sido mucho para mí
No fue fácil, limpiar un polvo de años, separar los objetos
según cada dueño, en fin. Hasta ahí todo bien, feliz
de comenzar una nueva etapa en la casa, arreglar un poco, volver a darle
vida, vivir solos con Josefa y Tomás como una familia, despedirme
de mi casa con tiempo y alegría. Pero ayer le tocó a la
pieza de los abuelos. Ya me había tocado, cuando murió el
Tata, separar y regalar su ropa y reordenar algunas de sus cosas. Pero
lo hicimos un poco desde el shock y la tristeza, sin pensar demasiado.
Esta vez creí que sería igual y que ´si ya había
decidido volver a la casa sin ellos, sería capaz de desocupar sus
cosas sin pensar tanto.
Pues bien...me equivoqué.
Empecé ayer a las 9 de la mañana y todavía no puedo
parar de llorar. Creo que ha sido, lejos el proceso más doloroso
y desgarrador que he vivido en mi vida. Puede sonar exagerado que mover
unos objetos sea más desgarrador que la muerte de la Aly o del
Tata o de la Lelé, pero la cantidad de recuerdos, fotos, cartas,
historias, declaraciones de amor, amistad, odio, nacimientos muertes,
viajes, etc, etc, etc fueron mucho para mí. Esto no era algo para
hacer en dos días, sino en dos años. He visto nacer y morir
cien veces a todos nuevamente, He visto a La Reina gestarse desde unos
planos, construirse en todo su esplendor, decaer con los años.
He visto a mis antepasados siendo niños, padres, abuelos y bisabuelos.
He visto a mis hermanos viviendo antes que yo, a mis primos disfrutando
de los mismos abuelos que yo disfruté. He visto praderas verdes
y pastos secos. Rosales abundantes, arboles caídos, una piscina
de los beverly ricos y un hoyo lleno de barro.
Esto ha sido mucho para mí, han sido muchos recuerdos juntos, muchas
vidas en un solo día, tantas historias repetidas, tantos que estuvieron
antes que yo y vivieron y se dijeron y se amaron y odiaron. Desde certificados
de nacimiento del siglo XIX en el imperio Austro-Húngaro, una carta
del señor Bata autorizando al Tata a venir a Chile, papeles de
deportación, llegadas, compra ventas, nacimientos en Chile, obituarios
por montón, exámenes médicos de cada uno de nosotros,
dientes, mechones de pelo.
Esto ha sido mucho para mí y necesito compartirlo con ustedes porque
siento que el corazón se me va a partir de la pena.
Es todo muy bello, los recuerdos son lo único que quedan, mis antepasados
vivieron vidas maravillosas, crearon familias muy especiales. Todo eso
es cierto. Pero encontrarte a las 9 de la noche solo en La Reina mirando
el closet de la Lelé a medio vaciar, sin tus hermanos ni tus primos
que ayer estaban jugando por ahí. Sin tus padres ni tus tíos
que llenaban los espacios, sin la Amama ni el Oskar y sin el Tata ni la
Lele sentados en sus sillones viendo tele y con sus closets llenos de
vida...
Esto ha sido mucho para mí y no puedo parar de llorar. Ayer se
murieron una vez más: Max, David, Aly, Oskar; Amama, Tata y Lelé.
Y yo estuve ahí para verlos vivir y morir a cada uno. Es mucho
para un solo día y no he sido capaz de explicarles la tristeza
y el dolor, créanme que es dolor porque ayer gritaba de dolor mientras
lloraba.
Simplemente puedo decirles que ha sido mucho para mí y jamás
pensé sentir todas las emociones que he sentido en estos dos días.
Estoy feliz de volver, pero se me ha abierto una herida necesaria, que
no quería abrir y que será muy difícil de cerrar.
El dolor de mi hombro, el dolor de mi padre.
Hace 23 años, después del nacimiento de mi hija Josefa,
comencé con un fuerte dolor en el hombro derecho, que los médicos
y kinesiólogos no pudieron quitarme. Tuve que aprender a vivir
con él, cuidándome de no hacer fuerza con ese brazo, de
no cargar peso, de no hacer ejercicios que utilizaran mi hombro, y tuve
que cambiar hasta mi forma de dormir, ya que ni siquiera mi propio peso
lo podía cargar en ese lado de mi cuerpo.
Viví 21 años con ese dolor, hasta que comencé a asistir
a los Talleres de Pedro. Ahí pude ver el trabajo que se hacía
con otras personas, y mientras yo recopilaba información para construir
mi propio árbol genealógico y poder “trabajarlo”,
me di cuenta del dolor que había sobre mí, dado que era
un dolor que venía por el lado de mi padre, y siendo yo la menor
de siete hermanos, al “armarlo” según las instrucciones,
quedé literalmente bajo la línea de mi papá, desde
donde había mucho dolor.
El día que me tocó mi turno, Pedro me preguntó qué
quería sanar y mi respuesta fue “el dolor de mi hombro, siento
que no es mío, que lo cargo por alguien más”.Y comenzamos
a mirar y empezaron las preguntas y respuestas, yo comentando lo que sabía
de cada uno, de sus vidas, de cómo me había relacionado
con ellos (mis ancestros), a muchos no conocí, pero algo sabía
la familia, entonces apareció el comentario de una tía adoptada
(hermana de mi padre), de la cual nunca a nivel familiar se habló,
de hecho mis hijos no la conocen, y haciendo las “tareas mágicas”
sobre mi propio árbol, (pliego de cartulina escrito, con los nombres
de todos nosotros, desde mis bisabuelos hasta mis hijos y nieto), el dolor
desapareció hasta el día de hoy.
Como Coach Ontológico, puedo y sé que puedo dar muchas explicaciones
lógicas y no tan lógicas de lo que pasó, pero prefiero
quedarme con la experiencia de haber vivido lo que viví, sin explicaciones,
sólo con el registro de lo acontecido.
He participado por tres años en los talleres de Pedro Engel, se
lo agradezco y siento que cada vez que alguien sana alguna pena, dolor,
frustración, también lo hago yo.
Maria Paz Bize
Alianzas ocultas y secretos de familia
A través de la Ancestrología, he podido ver como aquello
que yo sentía inexplicablemente desde chica, era una alianza "oculta”
con mi abuela materna que murió a los 39 años. Siempre sentí
que moriría joven, que después de mis 40 años era
la nada y desde entonces sentí que vivía de más.
Esta sensación y la idea del suicidio me persigue desde los 10
años, por lo menos, tengo clara la edad porque vivía en
la segunda casa que habitamos con mi familia. Tuve una buena infancia,
sin embargo, la idea de la muerte por suicidio me acompañó
siempre...Lo intenté en una depresión a los 46; no era original,
venía de mi abuela paterna cuando el abuelo la quiso abandonar
para irse con otra mujer, y a pesar de que no era muy cercana a ella,
sentía una especial conexión, quizá por ser la mayor
de las nietas.
Por otra parte, estaba el amor interrumpido en la familia de mi padre:
Mi bisabuelo y su amorío con una joven de campo tuvo como fruto
la Tía Olga, la que por impedimento de mi bisabuela y su hija no
fue nunca reconocida. Y además fue maltratada, ya que se la trajeron
del campo para servir de empleada en su casa y nunca más vio a
su propia madre. Será esta la explicación de la ‘mala
suerte en el amor’ que han tenido las mujeres de la familia, por
mi lado paterno, tanto tías como primas.
El trabajo en el campo es impresionante. Lo que sientes, cómo lo
sientes y cómo una vez que he mirado mis ancestros, mi experiencia
de vida toma otra dimensión. Yo pago por lo mío, pero también
por lo de mis antepasados, y lo que es peor, haré pagar a mi hijo.
Si esto lo hubiese sabido antes...
Hoy tengo un altar y a mis ancestros los recuerdo con cariño, soy
lo que soy y también gracias a la herencia de todos ellos.
Amalia Blanco. Tarotista, practitioner Flores de Bach, Reiki
Espacio mágico
La Ancestrología me permitió reconciliarme con mi padre,
darme cuenta de lo mucho que lo amo. Asistir a los talleres de ancestrología
han potenciado en mí la gratitud que tengo para con la vida y Dios,
por el inigualable amor y la permanente entrega de mamá.
Ha sido un espacio mágico de amor infinito y continuo aprendizaje.
Papá y Mamá, los tengo en el corazón.
Andrea Puchi //medicinewoman
Manifiesto de amor, a partir del dolor
La Ancestrología, motor de los movimientos que se han producido
en mi interior a partir del trabajo con los ancestros ha sido el proceso
más importante en los últimos años.
El terreno de las emociones siempre me ha sido complicado, nunca seguro
del manejo de ellas, ni de sus consecuencias.
La bendita causa del inicio de mi aprendizaje y metida en el mundo de
los ancestros tiene como origen una pelea familiar, un verdadero cisma
en un grupo ya reducido por las distancias y el tiempo. Aparentes bendiciones,
pero en realidad, verdaderos males de la vida contemporánea. Por
fortuna, cuando esto ocurrió yo había hecho algún
trabajo interno en el área de la relaciones familiares, pero aún
así me tomó por sorpresa. De verdad creo que nunca he descendido
tanto en el oscuro pozo del dolor y al mismo tiempo sentido la marca quemante
del odio hacia la propia sangre.
Siempre me tocó estar en el medio, entre mi padre y mi madre, a
veces en forma consciente trataba de defenderme, otras me identificaba
con el que me demostrara más simpatía o me aguachara más.
Ahora me queda claro que este no es el lugar para un hijo. De ahí
comencé a juzgar a mi padre de acuerdo a los conceptos que mi madre
sutilmente me traspasaba. De vuelta recibí rechazo, lejanía
y frialdad, mientras que mi madre me recompensaba con “amistad”,
hasta hoy llama de afinidad. Si es cierto que compartimos algunos gustos
(lectura, música), pero nuestras visiones de la vida son bastante
distintas.
En mi caso, la herencia familiar materna se traduce en un enojo generalizado
con la existencia, energía que me toma por sorpresa ante estímulos
que aún me cuesta reconocer. Por su parte, el lado paterno se hace
presente como una falta de seguridad, la sensación de no tener
piso ni respaldo en los mementos decisivos. Estos dos aparentes obstáculos
han resultado ser una bendición, algo por lo que agradezco a mis
padres, quienes a su vez los recibieron de más atrás. Estos
obstáculos son lo que me ha impulsado a indagar en la memoria celular
para encontrar las raíces de esa sensación de infelicidad
que a veces se apodera de mí.
Pepe Acevedo, Chef
Visita a los muertos
Hoy fuimos al cementerio con mi hermano. Él quería llevarles
la invitación de la ceremonia de doctorado a los abuelos. Yo fui
a pedirles a los ancestros que nos ayuden a tener un viaje bello, tranquilo
y sin novedades. Les llevé mi bolsita de amuletos, para que me
los bendigan: una moneda de Masaryk, que fue el amuleto de mi abuela desde
niña (se lo dió su tío preferido de cuyo nombre no
puedo acordarme y ella me lo dio a mí el 2007 cuando viaje a Sud
África). La argolla de matrimonio del tata (que según me
contó el Esteban no es la original) y unas monedas de la suerte
que encontré metidas en el sillón del tata.
Como llegué antes de mi hermano, aproveché de comenzar
este ritual mientras lo esperaba. Tumba por tumba fui, siguiendo el recorrido
habitual, que parte con el tío David y el Apapa y termina con la
Amama. Me senté, por primera vez, en cada lápida y les hablé
uno a uno. Ya no eran esas piedras frías, meros recordatorios de
su presencia física. Estaban ellos, ahí, mirándome
y escuchándome atentamente; sonriéndome con complicidad
y haciéndome entender que han estado todo el tiempo. Simplemente
era cuestión de querer verlos y sentirlos como lo que siempre han
sido: manifestaciones constantes en mi vida, que para bien o para mal
han marcado mis acciones.
Así, la ancestrología se sigue expresando, me sigue dando
señales, me sigue incitando a conectarme con la raíces.
Es que, desde aquel orden en la pieza de los abuelos, la sensación
con respecto a los muertos es otra, me puedo conectar con ellos de una
forma mucho más real que antes, y eso es muy rico. Como me dijo
el Lalo y el Pepe, desde que se abrió la herida, la sanación
buscó camino, y esa sensación de cercanía con todos
ellos fortaleció mi arraigo, me bajó de las nubes, me aterrizó,
me ayudó a unir mis bases, y el piso que empecé a construir
en aquella primera sesión familiar. Y así, entre conexión
y conexión, tuve dos experiencias muy bonitas.
La primera fue en la tumba de mi mama, donde por primera vez y espontáneamente
hice todo el protocolo ancestrológico. Le dije que la amaba, le
di gracias por la vida, le dije que era la mejor mamá del mundo,
que tenía un hermoso lugar en mi corazón y terminé
todo con una reverencia. Y me salió todo del corazón, lo
sentí de verdad. Es una emoción impagable y muy difícil
de explicar. Después repetí el agradecimiento con cada uno
de los que vinieron. Y le di gracias a la Amama por la Lelé, a
Willy y Alicia por la Oma, al Upa y a Ester por la Rolika, al Oskar por
haber sido tan importante y cariñoso para todos los que lo conocieron.
La segunda experiencia fue con Ester, la mamá del tata Rolf. Cuando
pasé a ver al Upa, le conté que íbamos a viajar a
las raíces, le pedí perdón porque no visitaríamos
las suyas en Polonia, pero le conté que iríamos a Berlín
a visitar a su hijo. Le pedí también que por favor le dijera
lo mismo a Ester y que le mandara mis disculpas por no visitarla, pero
no me acordaba donde estaba su tumba. Después me fui donde la ámama
y cuando terminé con ella, en lugar de irme como siempre, me devolví
a buscar al Meblin y llegué directo a la foto de Ester bien gordita
y con cara de circunstancia, que me estaba mirando (es una foto con mirada
fija que te sigue) como diciéndome: hmmmm…que no se te olvide
que los ancestros vienen de dos ramas
Y ahí me quedé pegado un buen rato con ella, con una extraña
satisfacción. Y le dije que me encantaría saber más
de ellos y poder conectarme como lo hice con el resto. Asique después
me fui derechito al computador de la administración a ver donde
estaban Willy Wallach y Alice Rosenberger, para que el recorrido fuera
completo y tuviera la bendición de todos.
Formando la familia del corazón
Siempre crecí con una sensación extraña del concepto
de familia. No conocí ninguna familia que me pudiera decir que
era feliz. Crecí escuchando, creyendo que la familia era muy importante,
pero difícil, que ser madre era lo mejor que te podía pasar,
pero que te cambiaba la vida (dicho en un tono que uno entiende que los
cambios son terribles), que compartir con una pareja era necesario para
hacer una familia, pero que vivir juntos no era fácil, todo lo
contrario, era muy difícil, que las familias viven juntas, pero
algunos como yo, éramos parte de una familia donde los integrantes
no podían vivir juntos. Yo casi no viví con mi papá,
y lo poco que viví, no lo recuerdo, yo iba de visita donde mi papá.
Crecí sin saber quién era mi abuela y abuelo paterno. Recién
hace como cinco años atrás vi una foto de mi abuela. Cómo
no los conocí, y nadie de la familia hablaba de ellos, no eran
importantes, eso creía antes de conocerlos. Con toda esa confusión
y ausencia creí que yo iba a saber como “formar una familia”.
Y bueno, la verdad es que sí la formé. Formé algo
que tenía una estructura para mi sensibilidad demasiado rígida,
insegura y miedosa. Siempre creí que yo no iba a repetir las vivencias
de mis padres, que no me hacían sentido, sobre todo la vivencia
de la separación de una familia, no obstante, eso lo repetí,
además de muchas otras cosas más. Pero antes de “formar
mi familia” yo estaba dormida, estaba de “shopping”,
no quería ni mirarme, ni escucharme, ni menos sentirme. Cuando
decidí ser madre estaba recién cuestionándome conceptos
como la creatividad, estaba recién queriendo meterme y profundizar
en el sexo.
Ha sido un proceso continuo y largo, que hoy me ha traído mucha
seguridad y bienestar. Quise formar una familia con conceptos que había
aprendido de muchos lados, principalmente de la familia, que no tenían
que ver con mi naturaleza. Cuando decidí construir una familia
me dio mucho miedo (inconsciente) y me puse a copiar como loca todo lo
que hicieron en mi origen, ¡de puro miedo! el miedo me congeló
y me dejé de sentir. Pensar tanto que no me quería separar,
paralizó la posibilidad de ser espontánea en mi propia visión
del concepto de familia. Eso lo veo ahora, en el momento era totalmente
inconsciente. Así construí mi familia, tratando de salir
de mi propia inconsciencia conmigo misma. Fui madre con muchos conceptos
añejos, que aún no trasformaba, el día a día
me pisaba la cola, mi hijo Gaspar me pisaba la cola (y aún lo hace).
Iba viendo todo lo que había repetido y pedía ayuda constantemente
para rescatarme de un personaje víctima que había aflorado
en mí en todo su esplendor, el cual me criticaba y juzgaba por
todo lo que había hecho y no hecho. Fue un proceso descarnado para
mí, para mí hijo, para mi pareja, y qué repercutió
en los orígenes de cada uno, pero fue muy necesario y liberador.
Fue la continuidad del parto. Fue mi hijo como reloj despertador que llegó
a este mundo a despertar almas lentas como la mía, siendo auténtico.
Mucho rato viví pensando que lo que aprendí era así,
repito, viví pensando, pero nunca me había preguntado, por
ejemplo, si el concepto de libertad que estaba aplicando en mi vida cotidiana,
realmente me hacía feliz. Viví mucho tiempo, PENSANDO, que
la felicidad era un estado corto y pasajero. ¿Realmente, desde
mi ser más profundo, sentía libertad? Nunca me hice esa
pregunta, yo creía que lo que pensaba estaba bien y lo demás
era porque yo era ‘enrollá y pajera’, pero cuando comprendí
que no era bueno para mí bienestar pensar así, comencé
a cambiar el punto de vista de las cosas, y también de los conceptos.
Fue un proceso que dura a hasta este momento. Un proceso contenido por
el Pedro, la Jaqui, el Pepe y la Amatista como mis terapeutas, que me
han ayudado a “reformatear el mate” para poder volver a sentirme
y sentir.
Estaba yo en medio de este proceso que acabo de describir y tuve la posibilidad
de asistir al árbol de mi hermano, Diego, que se quería
sanar de un cáncer que tenía en ese momento. Fue la primera
vez que participaba en el trabajo del árbol genealógico.
Lo viví de forma muy potente, porque además había
parte de mi familia ahí, no solo mi hermano que se quería
sanar, sino otros hermanos y padres. Fue muy inspirador para sanar mi
confusión y miedo de construir una familia. Quedé con muchas
ganas de hacerlo yo, hacer mi propio árbol genealógico.
Lo hice, lo hecho 3 veces. La última vez invité a mi papá
y fue doloroso, pero enormemente liberador. Cada vez que lo he hecho he
sentido una tremenda liberación en mi corazón. Los antepasados,
sus historias, sus dolores, sus muertes, sus enfermedades, sus formas
de amar, sus limitaciones, sus virtudes, sus hazañas, sus opciones,
sus miedos, cosas que en mucho tiempo de mi vida no me importaron, comenzaron
a hacerme mucho sentido en todo el proceso que yo estaba viviendo, de
hacer una modificación al concepto de familia que había
adquirido sin cuestionármelo. Entonces, el trabajo del árbol
con los antepasados, me ayudó a cambiar el punto de vista e ir
construyendo mí propio concepto de familia, que está ligado
al concepto de libertad, pero de esa libertad que se vive sin culpa, “con
plena libertad”, la libertad que se puede compartir, que no es egoísta
y narcisista.
Mis antepasados, son parte de una enorme posibilidad de poder evolucionar
en la tierra. Mis antepasados no soy yo en mi esencia. Son quienes tengo
que odiar un rato, aceptar otro rato, perdonar después y terminar
agradeciendo con el corazón, para poder descansar en la confianza.
El árbol genealógico me ordenó. Yo no tenía
conciencia que cumplía roles desordenados en mi inconsciente, por
ejemplo, de ser mamá de mis papás, o de mis hermanos, que
son nueve. Comprendí ¡qué nada que ver! , qué
cómo podía “cumplir un rol de madre” con todos
ellos. Una parte mía se sentía responsable de mantener el
equilibrio en la familia para que no se produjeran separaciones, no más
de lo que yo había vivida. Me hice cargo por el miedo que arrastraba.
Muchas veces era interlocutora, entre mis padres, entre mis hermanos,
entre mis padres con sus padres, entre mis hermanos con sus padres y así
me abandonaba a mí misma, abandonaba mis vínculos con todos
ellos y con las demás personas. Fui creyendo, pensando, que era
mí rol de hermana mayor, de primera hija, de primera nieta y de
primera sobrina, que así yo entregaba amor, pero nunca me detenía
a sentir lo que me pasaba, lo que yo quería o necesitaba en ese
momento. Y cuando empecé a hacer el árbol, me dio mucha
impotencia y rabia, porque yo hacía eso para no decir que no, por
miedo a poner límites, a ser rechazada. Muchas veces me dieron
ganas de decir “¡Arréglense entre ustedes!” Pero
como no sabía poner límites, si no era cerrando el corazón
y poniéndome orgullosa e hiriente, como muchas veces lo hice, entonces
me quedaba callada, decía que sí y me enojaba conmigo por
hacer algo que no quería hacer, o no decir lo que quería
decir. Eso lo hice muuuuuuchooooo…… porque no sabía
cómo expresar y paralelamente dejar de sentir el cuerpo y la emoción.
Bloqueada. He ido integrando de apoco, al principio con mucha dificultad,
la expresión, sacando el orgullo del corazón.
Todo este proceso que describo aquí es de años de buscarme,
investigarme, rescatarme para poder mirar y “hacerme cargo de mi
misma”. Aún estoy en proceso, pero he derribado rocas y he
sacado basura del terreno donde quiero construir, donde quiero amar.
Estoy enormemente agradecida de todos los que comparten y me ayudan, encarnados
y desencarnados, a cambiar el punto de vista para sentirme viviendo en
el ahora y no quedarme pegada en el terror de mi cabeza, donde el pasado
y el futuro dominan”. Sigo creciendo.
Camila Videla W
Asegurando el éxito en el trabajo
El taller de ancestros fue muy importante. A partir de ese momento tuve
un cambio radical en mi vida, porque aprendí a conocerme a mí
misma, saber dónde estoy parada y dónde quiero llegar, además
de tener pautas de como continuar mí camino. A esto debo agregar
que tenía con ciertos inconvenientes laborales, con una incompetencia
de mi parte para dirigir la empresa, y para realizar negocios. Luego de
plantearlo se me aclararon muchas dudas de cómo enfrentar mi trabajo
y salir adelante. Que esto no parezca algo trivial, fue algo realmente
importante pues aprendí a pararme al frente de mi trabajo sin sentir
temores.
Lilian A
Papá y mamá en el corazón
La Ancestrología me permitió reconciliarme con mi padre,
darme cuenta de lo mucho que lo amo!
Asistir a los talleres de Pedro han potenciado en mí la gratitud
que tengo para con la vida y Dios, por el inigualable amor y la permanente
entrega de mamá. Ha sido un espacio mágico de amor infinito
y continuo aprendizaje.
Papá y Mamá, los tengo en el corazón.
¡Gracias Pedro!
Andrea Puchi, medicine woman
Encuentro con mi humildad
Este encuentro con mis ancestros se ha convertido en una aventura de descubrimiento,
aceptación, renovación de vínculos, crecimiento del
respeto y la sensación más profunda de sentirme respaldada
por mis genes, por mi historia, por mi cultura familiar, por los sueños
e ilusiones de muchos a quienes sin duda hoy admiro más…
Encontrarme frente a frente con la historia y relatarla en público
resulta impresionantemente valioso, es aprender a sentirse orgullosa de
ciertos aspectos que tal vez no tenían valor explícito y
también es meterse un rato el ego al bolsillo perro y adentrarse
en una realidad propia, donde afloran tus inseguridades, tus miedos, tus
complejos, etc. Salta tu propio punto de vista de lo que viviste equívoco
o no, y así comienzan a ganar valor algunos aspectos incomprendidos
y traumáticos y a restar fuerza las vivencias menos gratas. De
acuerdo a lo observado en las experiencias de sanación ancestral,
hay una característica que se repite y que no permite avanzar en
la cura de los males familiares. Esta es la soberbia que presentada en
cualquiera de sus formas genera distancias abismales entre las generaciones,
es así como la vanidad, la falsa humildad, la ambición,
la vanagloria, el orgullo, la hipocresía, etc. son nuestros mayores
enemigos a la hora de sanar la historia… El reencuentro con la humildad
creo que es el mejor remedio…
Intentar entender que la actitud de todos en mi árbol genealógico,
incluida yo por cierto, responde a nuestras vivencias y sentires y a un
ignorar el cómo hacer las cosas de otro modo o expresar sentimientos
de formas diferentes. Somos fruto de nuestra historia y nada ni nadie
hoy pueden modificarla… Sí podemos cambiar la manera de leer
la historia y ahí está para mí el valor de la Ancestrología.
Perdonar, entender, recrear, valorar, aceptar son términos invaluables
a la hora de trabajar con el árbol familiar. Dejar de lado victimizaciones,
entender que gracias a lo vivido estamos donde estamos y que somos responsables
del 100% de nuestras vidas. Es una tarea titánica, sin embargo,
es nuestro deber dejar de culpar al resto y salirnos a toda costa del
resentimiento y de la resignación… Podemos cambiar nuestro
punto de vista, podemos reinventar un pasado más saludable, el
desafío de crecer es nuestro.
En este recorrido por mi historia he decidido darles a mis antepasados
un valor distinto, ligado a mi propia fe y han surgido de a poco mis propios
santos, a quienes me encomiendo de acuerdo a mis inquietudes. Con el sólo
hecho de haberlos traído a mi mente y a mi corazón, han
tomado fuerza y valor. Es la sensación de un juego que me ha permitido
desenchufar mi infructuoso diálogo interno y cambiar aquellos momentos
de rollo por recuerdos, inspiraciones, cantos y ensoñaciones que
me hacen sentir más cerca de mi esencia, más liviana, menos
grave, más lúdica.
Ahora que mis antepasados están comenzando a sanar en mí
y casi no duelen, y que se han transformado en mis santos, debo encomendarme
a ellos para vivir mi presente con más certezas y mi futuro con
mayor visión.
Vive en mí la sensación de que no existe para atrás
el peso ingrato de la historia, que a veces sentí, por el contrario
hay una energía que vuela y que eleva. Sin duda toda esta experiencia
que está comenzando tendrá sus variaciones con el tiempo,
mas le pido a mis santos (vivos o no) que me acompañen en este
crucial camino de sanación y crecimiento…
Gracias Santa Emilia, San Tomelkishe
Gracias Santa Nicolasa y San Herman
Santa Juana y San Benito
Santa Elisa y San Alfredo
Santa Marta y San Hugo
Por haber nacido, crecido y reproducido
Por haber amado, sentido y sufrido
Por haber estado o no
Por haber sido mis padres, abuelos y bisabuelos
Un agradecimiento especial a mis tíos y tías… algunos
ya santificados, otros en camino de serlo…
Watanabe
Aprendiendo a agrandar el corazón
Cuando me invitaste al taller de Ancestrología no sabía
para nada de qué se trataba. Y así llegué, fui el
primer árbol y lo clavamos sobre la puerta. Las tareas fueron para
mí fundamentales.
Las sesiones de Ancestrología en tu pérgola, cada una de
ellas fue un portal, ha sido fundamental oír las historias de otros,
todas tienen algo que me mueve a la necesidad de ensanchar el corazón,
que siento que finalmente es la gran magia. Si bien mi experiencia personal
ha sido un regalo a todo dar, el escuchar no ha sido menor.
Aprendí cada vez que se sentía en el ambiente un rechazo
total por la persona que contaba su historia, y tú la abrazabas
y la llenabas de amor. Y ahí caché que es la única
manera de sanar, agrandar el corazón, permitir que cada uno sea.
Mi tesoro de este taller ha sido ese aprender a agrandar el corazón
trabajo de todos los días porque quizás se puede hacer crecer
siempre más.
Después de hacer mi árbol o genograma, hice un ritual frente
al mar. Todo lo que pasó después entra en ese espacio que
es difícil de hablar, no es de este mundo, situaciones que se escapan
de lo creíble en el mundo convencional…Gracias a la Ancestrología
recuperé mi historia y la llevo con amor en mi corazón.
PRB
Palabras a papá
Papá:
Pensé que te habías ido, pero ahora entiendo que fui yo
quien no quería aceptarte en mi corazón. Pensé que
me habías abandonado, pero en mis ojos había una venda que
impedía ver más allá de mi rabia y resentimiento,
estaba ciega pero poco a poco logro volver a ver….
En estas líneas puedo pronunciar por fin las difíciles palabras
que mi boca orgullosa se ha guardado por tantos años: tienes un
gran lugar en mi corazón, porque eres mi padre y, junto con mi
mamá, me han dado el mejor regalo que alguien podría haberme
dado: la vida, y no necesito nada más para ser feliz. Papá,
soy igual a ti, soy pequeña, tú eres grande, y solo necesito
tu amor y bendición.
Te pido las monedas que tienes para mí y que no he querido recibir,
esas monedas simbólicas que solo tú puedes darme, las monedas
de tu amor, de tu apoyo y bendición para un camino que empieza,
este camino con vallas que saltaré, con obstáculos que traspasaré,
con enseñanzas que iré incorporando día a día.
Porque al tener por fin a mis padres en mi corazoncito rebelde, mi corazoncito
loco, mi corazoncito obstinado, que cualquier camino que se presente ante
mi lo caminaré con alegría, sembrando éxitos…pero
pucha que me costó, andaba con la espada de frente, me adjudicaba
culpas que no me pertenecían, cargas que no eran las mías…pero
poco a poco las estoy liberando
Eligieron para mí un nombre que simboliza que siempre seré
la pequeñita, su hijita, la Paulinita que corría en el patio,
que andaba a caballo arriba de Toffie, nuestro perrito, la Paulinita a
la que se le caía el pelo cuando nació su hermano, la pequeñita
que cargaban en sus brazos y amaban inconmensurablemente, con ese amor
de padres que desde hace siete años conozco. También me
entregaron su ideología en mi segundo nombre, la ideología
que forjó tu valentía, tu coraje, tu obstinación,
esa ideología que los hizo salir a las calles, que te mantuvo prisionero
por tus creencias, esa ideología que permitió que ambos
se conocieran y de su amor saliera frutos.
Gracias a la Ancestrología este maravilloso camino se ha comenzado
a recorrer… de aquí al infinito.
PIMF
Te quiero papá
Tras una vida de conflictos familiares y la lucha por sobrevivir, con
un padre “ausente”, pero muy presente dentro de las carencias
de mi alma y mi médula, llegué al curso de Sanación
con los Antepasados de Pedro Engel. Había oído sobre cursos
relacionados, pero esta vez sentí un llamado interno, casi un forcejeo.
Cuando me tocó hablar en clases sobre mi familia, la presenté
con la misma anestesia con que me enfrentaba a ella las pocas veces que
lo hacía, pero esta vez, con gran estupor, fui testigo de situaciones
repetitivas como divorcios, enfermedades y lazos emocionales complicados
por parte de los hombres de la familia.
En el primer ejercicio tuve que dejarme abrazar por mi “padre”
(que no era sino el mismísimo profesor), pero no me fue posible
ni siquiera imaginarme la situación… No me interesaba acercarme
a mi padre; mi corazón estaba demasiado dolido y ajado por el daño
de tanta ausencia y de años de indiferencia y cabezazos contra
la pared. Sin embargo, ese fue el principio de un tremendo ablandamiento
de mi corazón.
Tuve que realizar otras “tareas” para sanar mi árbol,
las cuales incluyeron una visita al cementerio, un regalo muy especial
que fui a dejar a la casa de mi padre (sin verlo) y enfrentarme durante
unas horas con lo más profundo y sucio de mi ser, para terminar
con un pincel untado sobre agua de rosas pintando sobre mi familia…
El cambio no fue inmediato, pero algo en mí hizo que cambiara mi
actitud hacia él. Hoy tengo un e-mail donde le escribo lo que voy
sintiendo, lo que me nace o simplemente lo que mi alma me va pidiendo
que le escriba y esto es mágico, porque incluso a veces ¡me
responde!, pero aunque no lo haga… mi espíritu está
en contacto constante con él. Me abrí a la posibilidad de
ablandar mi corazón y eso me ha permitido contar con su alma, que
vaga y a veces toca mis inquietudes, mis angustias, mis desilusiones y
mis alegrías. Me he permitido escribirle y sentir su presencia
a través del computador, de saber que es él, de oler su
esencia y de darme el gusto de comentarle todo lo que me nazca y por sobretodo
dejar abierta las puertas en caso de que algún día quiera
acercarse…
Por supuesto, queda el abrazo pendiente y ojalá en esta vida. Pero
de no ser así, tengo la satisfacción de haberme permitido
abrir mi alma, dejarme sentir y poderle escribir: “te quiero, papá”,
sabiendo que el mensaje le llegó.
Gracias Pedro, sin ti esto jamás habría ocurrido.
Karina G
En el principio era el antes, en el principio era el pasado.
Hace un par de años, nos fuimos de vacaciones a Villarrica, toda
la familia: Alejandro, Yo, Vicente , el hijo mayor y Luis Alberto, en
esa época de ocho o nueves meses. En medio del paseo, Luis Alberto
enfermó, se agarró un rota virus y nos pasamos una par de
días en el servicio de Urgencia de Villarrica. Yo pensé
que tenía algo grave al pecho o respiratorio, así es que
cuando me dieron el diagnóstico me pareció una bendición.
Igual estuvo cuatro días tomando solo suero. Se puso flaco y un
poco ojeroso. Se le puso un poco angulosa la cara y el mentón bien
puntiagudo: Se parecía entonces a su bisabuela, mi abuelita Carmen,
que no conoció a sus nietos, murió en 1978. No me quedó
más remedio que pedirle a ella que lo acompañara en la engorda
y la mejoría. Sentí que la abuela se ofrecía para
ayudarme y en ese mismo instante le agradecí que llegase hasta
mí y le pedí se hiciera cargo de la sanación de mi
hijito.
Ahora le pongo apio a la sopa y la dejo hervir a todo vapor y entre el
aroma característico, que es el olor que asocio a mi abuela, me
parece sentirla moverse sin ruido por la cocina con la cuchara de palo
en la mano.
De mi abuelita María recuerdo que me enseñó a rezar.
Sé que a veces me he ganado las risas de mis amigas, cuando descubren
que soy la única que se sabe unos “rezos como de vieja”.
Me hubiese gustado que me enseñara a preparar esos platos que ella
hacía en invierno, como una salsa de harina cruda, tostada en el
sartén, que se acompañaba con papas. Pero nunca quiso darme
esas recetas, porque según afirmaba era “comida de pobres”,
comidas que para ella rememoraban épocas de dolor y pobreza.
De mis bisabuelos, no sé no cómo se llaman.
Hasta que llego donde Pedro y comenzamos a construir mi genograma, con
sus nombres, sus historias, sus dolores, sus silencios, sus omisiones
y sus verdades, como páginas de un libro de revelaciones que he
dejado de leer. Entonces los ancestros comienzan a alzarse poderosos,
comienzo a sentir tras mis espaldas su protección, su respaldo,
su accionar a través de mí. Todo va pasando muy rápido,
sin embargo, me puedo dar cuenta de cómo lo primero que cambia
es la sensación vital: ya no podría sentirme más
sola o insegura. Podría dejarme caer en los brazos de mis antepasados,
de la energía que mueve mi cuerpo y mi historia. También
aparece un sentido de vida que antes no había experimentado tan
patentemente: soy un eslabón en una larga cadena de acciones que
se proyecta hacia el futuro. El dolor de dolores pasados puede ser redimido
para que mi futuro y el de los hijos de mis hijos sea más sano,
más sereno.
Construir, reconstruir mi genograma, mi árbol genealógico,
fue para mi la experiencia de levantar una catedral: un lugar sagrado
donde encontrar protección, sentido y sabiduría. En mi caso,
sobretodo, protección.
Como todos los seres humanos, no quisiera nunca estar enferma, ni tampoco
ver a mis seres queridos víctimas de la enfermedad. Creo fuertemente
que la enfermedad no es solo física y depende de otros factores
más intangibles o fundamentalmente espirituales, creo en la necesidad
de buscar cura para el alma. Sin embargo, comprender que somos la encarnación
de un continuum físico y espiritual y que los dolores de nuestros
abuelos, bisabuelos, padres, hermanos se encarnan y expresan en nuestras
células, en nuestra sangre y en nuestros dolores, tuvo para mí
el efecto de una revelación con repercusiones en muchos aspectos
de mi vida. También cambió el punto de vista respecto de
la sanación, entendiéndola ahora no como estar libre de
la enfermedad, sino con tener el alma y el espíritu sanos, livianos,
fortalecidos para enfrentar el paso por el dolor y la misma enfermedad,
que puede ser permanente o larga de padecer. También puede ser
la enfermedad el camino demarcado hacia la muerte y entonces la dignidad
de nuestro proceso de sanación está marcada por cómo
está el alma, el espíritu que haremos transitar hacia la
trascendencia.
Los siglos de los siglos que habitan en mi corazón, en mis células,
en mi alma y en cada parte de mi cuerpo son la energía cósmica
que actúa en mí para proyectarme hacia los futuros posibles,
pero al mismo tiempo consagrando el camino construido por mis ancestros
con sus errores y aciertos.
Entonces, desde el pasado me llega el sentido de vida y la energía
que le da dirección a mi búsqueda vital: converso con mis
abuelos y sueño con mis bisabuelos. Admiro y respeto a mis padres
y me cobijo a la sombra de su amor. Y luego pienso en mis hijos, en los
que seguirán su camino, finalmente de ellos, de su vida que no
es la mía y no me corresponde vivir, ni juzgar, ni conocer. Pienso
que los hijos son así: capaces de aterrorizarnos hasta el límite,
viviendo a veces entre las sombras, flotando como un velo eterno sobre
nuestras vidas. Me digo que de ahí debe venir la idea de los fantasmas:
los hijos son los fantasmas. Por eso cuando los papás se mueren
no hay dificultades en comunicarse y convivir con ellos, es la misma experiencia
que en vida, pero en dirección opuesta. Sin embargo, cuando los
hijos se mueren no hay fantasma posible. Se van como el fantasma que son.
Me digo al oído: LOS HIJOS SON LOS FANTASMAS, LOS ANCESTROS SON
REALES.
Sol Los Andes, Región de Valparaíso.
Todos los días son para celebrar
Los rayos del padre Sol, hacía largos y anteriores ratos que habían
hecho gala, sin embargo, yo aún sentía frío...aún
no era capaz de caer en cuenta que por muchos Soles que la vida nos obsequie,
el lugar del verdadero calor, es el generoso corazón.
Llegué también por causalidad, a un ser de luz, quien me
mostró que la gran pócima sagrada, aquella medicina tan
buscada, es el Amor y que desde allí, el poner en nuestro corazón
a nuestros ancestros, es como poner una pieza del puzzle, pero no cualquiera
sino aquella que lo completa.
Sabía desde mi intuición, que sí existía una
"razón" que le diese explicación a lo que me estaba
ocurriendo; un diagnóstico de cáncer. Era tiempo de sacar
el velo y reencontrarme con mi historia familiar y amigarme con ella.
La única "historia familiar " que tenía era la
que yo me había inventando en la guarida de mis ilusiones, daño
me hacía, en lugar de darme la contención de los más
cercanos, de lo que se necesita en momentos de tormentas. Y me encontraba
allí parada frente a la oportunidad de limpiar las rabias, las
penas y reconocer cuánto tiempo había estado amando a mis
padres, pero castigándome por ello y a castigándolos a ellos.
Castigándome y castigándolos porque no habían sobrevivido
como pareja, como mis padres "perfectos" y años viví...sin
soles ni lunas...
Lo que escribo a continuación es el modo que encontré de
dejar plasmado lo que en mí ha ocurrido, luego de la experiencia
con la Ancestrología. Como familia fraternal y compañeras
(os), amigos (as), de una rutina cotidiana en la cual muchos de ustedes
son parte de mis afectos, es que he querido escribir estas líneas...
Agradezco a cada uno de ustedes de quienes palabras de valor he recibido,
agradezco cada llamada alentándome desde un comienzo de este proceso,
agradezco las muestras de cariño, preocupación. Agradezco
las oraciones que han practicado por mí salud, agradezco a la vida…Agradezco
hoy y de hoy en adelante, estar aquí y ahora.
No es fácil vérselas de frente con un diagnóstico
como el que me tuve que amigar de un minuto a otro. En mi familia este
inhumano y cruel cáncer se ha llevado a más de un ser amado…
muchos...Y yo sigo acá, sonriendo este obsequio. NUNCA hablé
de "enfermedad", siempre lo asumí como un proceso, un
perfecto desafío a mis más intensas y agudas ideologías.
Celebro que estoy en el último ciclo de quimioterapia, celebro
todo lo que he avanzado y no me aflijo por todo lo que me queda. Atrás
han quedado los días eternos, días en que tuve cita con
la angustia, con un profundo sentimiento de devastación…de
los ladrillos caídos podemos volver a construir hogar, eso es lo
que he hecho.
Ha pasado ya un tiempo importante (el próximo verano, serán
dos años), desde que se me aparecía el reloj de arena y
ese tiempo infinito se desvanece mientras la marcha de este indolente
reloj comienza a andar. He aprendido cosas preciosas, como que la vida
en sí es un regalo, el más sublime de todos. El abrir los
ojos cada mañana y tener la posibilidad de decir a quienes amo,
cuánto los amo. Aún cuando no ha sido fácil, he descubierto
que existe un lugar donde nada ni nadie puede arrebatar nada y es el gobierno
de mi corazón.
Quiero celebrar…para mí todos los días son para celebrar.
Cada invitación de fortuna a tomar el albor, cada primer vistazo
al comienzo de la habitual andanza, colmado de luz, de fulgor y brillo,
lleno de soles o lluvias, instigándonos a repletar los canastos
del agradecimiento hasta rebalsarlos. Aprendí que el tiempo es
ahora y que eso de “mañana será otro día”
es un mañoso disfraz creado por nuestros miedos. Hoy es cuando
doy la mano a mi hija, a quien no renunciaré a proteger jamás,
y la beso con devoción, hoy es cuando cocino recetas de esperanza
y alimento mis ganas de sanar, hoy es cuando llego a cerrar mis ojos,
resistiendo y al tiempo jugando con el mágico calor del sol...
sol que se aloja siempre en mi interior. Observo a mí alrededor
y hay tanto para ser feliz.
Tengo más de un amor que despierta mis sentidos y me acompaña
en este cotidiano viaje que es permanecer. La danza, mi aliada incondicional,
me ha ayudado a despedir el letargo que sufre el cuerpo luego de tantos
tratamientos, compañera fiel y leal, por medio de la cual, me sacudo
todo aquello que mi cuerpo recibió y sigue haciéndolo para
sanar…sanar el Alma, que baila sobre escenarios de esperanza, de
fuerza, de motivación, de fe. En esta danza sublime de la vida
es donde me despojo de todo lo que ya no me sirve en el camino que he
trazado como proyecto: ser feliz. Otro de mis amores, espera por mí,
la psicología Y es este año, que me reencuentro con esta
“carrera”, que de carrera no tuvo nada…y es que he dejado
de correr, he dejado de sufrir, he dejado de lado todo aquello que oscurece
las posibilidades de vivir desde la serenidad, la mesura de las palabras
y los actos, el respeto por mí y por los otros.
No tengo la certeza de cuantos años más estaré disfrutando…sí,
tengo la convicción que he re-nacido. ¿Quién puede
tener a su haber, la posibilidad de contar que ha vuelto a nacer? La felicidad
ahora habita en mi universo interior, aquel que se ha consolidado y se
ha fortalecido… y de ninguna manera yo me he endurecido. Hoy le
ofrezco poemas a la luna y me siento en el destello de cada estrella,
tengo el corazón abierto, para recibir y dar todo el amor que puedo
pero por sobre todo, TODO EL AMOR QUE TENGO... Hoy y cada día le
canto a la vida, esta, mi hermosa vida.
Gracias mamá, mujer, que siempre confiaste en que esto sería
"un paseo por la noche, para luego disfrutar del día".
Gracias por las lágrimas que hoy caen de tus ojos brillantes de
regocijo al verme junto a ti, por tu amparo y tu convencimiento de que
“problemas grandes a grandes seres que pueden bancárselos”
tú bien sabes, que necesito de tí cada día, para
abrazarte, para que sigamos floreciendo juntas. Porque junto a mí,
también has renacido, eres otra, más linda aún, más
dulce.
Gracias Madre Cósmica y Maestra como nunca nadie fue capaz de enseñarme
tanto, gracias por tu inconmensurable amor y devoción, por las
flores que has dejado en mis jardines, los reales y los simbólicos,
por esas mágicas tardes de diálogos y encuentros, tenemos
un pacto y seguiremos camino de la mano.
Tu partida Papá, fue realmente poesía. Mis lágrimas
rodaban y caían como gotas de agua sobre tu rostro, en un último
intento de no te fueras. Deposité suavemente sobre tu pecho, una
docena de las más fragantes, cándidas e inmaculadas rosas
blancas, símbolo de pureza y de la más humilde aceptación.
El pacto de reencuentro, un "para siempre" ya estaba firmado.
Horas antes de emprender tu camino, me entregaste una promesa grandiosa...
te convertirías en mi eterno guardián y así ha sido.
Por esta trascendental razón, que más tiene de Amor, es
que nunca paseo sola, y por las noches anota él muy esmerado y
complaciente mis plegarias y su presencia se transforma en impresionantes
avisos...de otro modo, no me explico como es que han sucedido las cosas,
desde aquella vivencia que atesoro en mi corazón. A las pocas semanas
de esto, viene lo mío. Gracias papá, por acompañarme
en cada instante. ¿Fuiste tú quien acaricio mis mejillas
en sueños, anoche, verdad? Gracias por todo el amor que he recibido.
Nuevamente hoy el latido de esa vida universal se ha posado en mi ventana
y complacientemente, me ha dibujado un día irresistible...amo estar
viva...vida que abrazo y abrigo en todas mis intenciones, que juntas en
la misma reposada plática hemos desenvuelto sueños y juramos
lealtad a cada acontecer cósmicamente humano…
Con la clara conciencia de todo el amor que tengo para dar, GRACIAS.
Tatiana O. M.
Reencuentro con mi origen
Hace unos meses atrás, cumplí 35 años. Ese día
me miré al espejo y por primera vez, me gustó lo que vi.
Recuerdo que estuve un buen rato mirándome y sintiendo que todo
estaba en armonía. Me sentí libre, tranquila y en paz conmigo
misma. Era una sensación que no tenía hacía años
y por primera vez en mucho tiempo, tuve conciencia de eso.
Viví varios procesos que requirieron mi atención y dedicación
absoluta, puesto que mi cuerpo físico se enfermó y mi cuerpo
emocional comenzó a darme muestras claras que necesitaba hacer
un giro en mi vida. Radical. Me sentía cansada, desilusionada,
triste, escéptica y con mucha rabia. Y fue esa profunda insatisfacción
la que me llevó a querer ver en mí sucesos que me costaba
asumir. Comprendí que necesitaba ayuda y una nueva manera de mirarme,
conocerme y aceptarme. Una parte de esa ayuda fue la Ancestrología.
Comencé a asistir regularmente al taller. Y para mi sorpresa, me
di cuenta de cosas me tenían estancada y me impedían avanzar.
Doy testimonio que cada vez que asisto al taller, se acomoda algo en mi
corazón. Lo que vivencio ahí también son espejos
para mí. El proceso ha sido muy contenedor y ameno. Lo que me parecía
difícil dejó de serlo. Mis miedos e inseguridades fueron
disminuyendo al sentir y ver que mis ancestros siempre han estado conmigo.
Comprendo que cuando me enfermé, era un llamado para hacerme cargo
de lo que rechazaba en mí. Lo que me costaba aceptar en mí,
era el desamor y la distancia que yo ponía con mi origen y mis
ancestros. Hoy están en un lugar sagrado en mi casa. Cada vez que
me acerco a ellos y los miro en sus fotos, les agradezco el hecho de que
hayan dado vida, pues sin ellos yo no estaría aquí, ni mis
padres, ni hermanos, ni ninguno de los que les seguimos en su descendencia.
Al levantarme en las mañanas me estoy sintiendo más alegre,
puesto que antes había una parte mía que no quería
estar acá y por eso mi alma se entristeció. Me costaba mucho
abrazar a mi mamá y a mi padre simplemente no lo abrazaba. Sentía
mucho enojo. Cuando vi ese enojo, me di cuenta de lo que perdía
al seguir en esa posición. Poco a poco, lentamente, tratándome
bien, apoyada de gente que me ha ayudado en todo este proceso y a los
cuales les estoy muy agradecida, he ido pudiendo quererme más y
al poder quererme yo, los quiero más a ellos. Los abrazos comienzan
a surgir desde lo más profundo de mi alma. Estoy redescubriendo
cuanto los quiero y cuanto les agradezco el hecho que ellos, también
hayan dado vida. Reconocer que el enojo que habita en mí es sólo
conmigo, cambia la perspectiva y algo se acomoda en mi corazón.
Hoy me siento más compasiva conmigo, estoy sintiendo un profundo
agradecimiento a la vida que me ha permitido darme esta segunda oportunidad.
Y cuando tengo esos días en que todo se ve más difícil,
a los primeros que acudo son a mis ancestros, porque ellos me han ayudado
mucho en todo mi camino. Me siento contenida por ellos, porque sé
que me acompañan y me ayudan.
Me estoy dando cuenta que hay mucho más en la vida que tristeza,
enojo y dolor, hay también alegría, celebración,
armonía, amor… y ese es el camino que quiero tomar hoy. Ese
es mi camino.
A veces, cuando camino por la calle, me detengo a observar lo hermoso
que es todo, como los atardeceres; es un regalo en el cual tengo la posibilidad
de detenerme, observar, sentir y conmoverme prácticamente cada
día…en esos instantes no hace falta nada más. La naturaleza
se encarga de mostrarme constantemente que hay una presencia mayor en
la cual debo confiar y entregarme. Cuando eso ocurre y puedo conectarme
ahí, entonces no me queda nada más que dar gracias, por
estar presente, viva, tranquila, en paz.
Una parte fundamental para llegar a esta sensación, ha sido el
reencuentro con mis ancestros, con mi origen. De ahí vengo yo….por
lo tanto sólo me queda decir…GRACIAS…
Sol Villavicencio.
El futuro se impone
Me desperté con mucha nostalgia de mi mamá, quería
de nuevo estar con ella, sentirla. Me fui a su pieza, abrí su closet,
aún se olía su perfume. Saqué un collar de semillas
para rehacerlo para mí con una medalla de Saraswati, Diosa de la
sabiduría…Cogí el collar y de pronto, una cartera
que estaba en el closet me llamó como un imán. La abrí
y encontré tres cartas del año 81. En ellas, reviví
todo el dolor que en esos años viví con papá, mamá
y mi hermano. Fueron años duros, yo recién había
enviudado y pasé a ser la oveja negra del clan. Mi hermano hablaba
de quitarme mis hijos y daba muchas instrucciones a mamá de internarme
en una clínica, de meterme preso, de quitarme todos los derechos
sobre mis hijos… etc.
Se agolparon todos esos recuerdos amargos de esos años….
Cerré el closet y se me pasó la nostalgia de una…
ahí mismo honré a mamá y le dije:”Mamá,
te honro con lo bueno y con lo difícil. Mamá, te hago una
reverencia, porque antes que nada eres mi mamá y lo que fue, fue.
Me vine a casa perplejo y justo me llamaron porque mi nieto se había
caído y estaba en la Clínica Alemana, por el seguro escolar.
Y además, después hablé con Catalina, mi hija, que
se haría un ecografía… partí a la clínica
donde tantas veces fui con mis hijos por el seguro escolar... Reviví
todo esos años en una mañana que, finalmente, terminó
bien: Tomasito con su yeso, tomando chocolate caliente en la cafetería
y finalmente le ecografía salió impecable, seré de
nuevo abuelo de un niño…Ignacio
El pasado quedó atrás, no hay que escarbar en él
El futuro se impone y el día terminó en una celebración
por la nueva vida que llega.
Mamá, gracias por todo, tomo la vida que me diste y la acomodo
en mi corazón con amor, todo salió bien, un nuevo ser llega
a la familia….
Gracias mamá, te amo
Pedro Engel
El orden del cosmos
Me encontraba yo en un estado de profunda pena causada por una ruptura
amorosa esta relación había partido como todas con el encanto
del enamoramiento , pero al cabo de pocos meses era una tortura mi cabeza
estaba enfangada y no encontraba mi equilibrio la opinión ajena
y el juicio se habían convertido en enemigos imposibles de silenciar
, la rabia la pena y el desencanto nublaban todo entendimiento a lógica
de mi mente trataba en vano de encontrar algún orden a lo sucedido.
Mi ex novio sufría de celos psicópatas lo que me ponía
en una posición de constante peligro, yo era continuamente sospechosa
de ser culpable de todo y trataba vanamente de demostrar lo contrario
Había llegado a cerrar completamente mi comunicación con
el mundo masculino, la mayoría de mis amigos, ante los juicios
de señor S no había defensa posible yo me sentía
completamente sola y la historia era muy engorrosa como para contarla
con mucha dificultad terminé la relación, porque el lado
claro de señor S era sumamente encantador me sentía irresponsable
por no haberme salido antes de esta relación que había durado
más de 10 meses me torturaba que algo que había empezado
sano tuviera un final así comencé a abrir mi circulo instantáneamente,
el cariño de mis amigos calentó mi cuerpo congelado
Empecé a recordar los sueños cada mañana y poco a
poco la añoranza de los momentos amorosos fue calmándose,
los sueños eran simbólicos pero estaban demasiado cerca
como para comprenderlos, una amiga me sugirió hablar con Pedro
, me dijo que era capaz de comprender las situaciones más allá
del análisis. Ahora estaba sentada frente Pedro, en su consulta,
o tal vez en un refugio reconocí ahí muchos cristales, talismanes
e imágenes de sabiduría y camino. El me pregunto a que había
venido y yo no supe formular la respuesta, mi lado oscuro el que no veo
y esta tan cerca, conversamos uno momento largo, yo no sabía que
preguntarle, no era tarot... que era entonces. Pedro de pronto saco una
caja negra, que parecía contener algún secreto comenzamos
con el ejercicio
Saque tres palitos, cada uno representaba a mi madre, mi padre y a mi
Situé los palitos en el espacio, al hacerlo , toda la emoción
contenida se había convertido ya en lágrimas
Yo era la más grande en tamaño, mi padre y mi madre eran
pequeñitos y estaban muy lejos
Pedro hablo del orden del cosmos, de los ancestros y del lugar donde debíamos
situar al padre y la madre, repetí junto con el palabras fundamentales
que ordenaban la relación y el linaje, junto a él bendecimos
a los antepasados
Devolviendo el orden del tiempo y el espacio, la línea de la descendencia
quedo alineada como el Sol y la Tierra y la Luna y la Tierra y todo el
universo entero
Todo era muy simple pero la totalidad que verbalizaban sus palabras y
las mías, tomaban la vibración, materializandose en realidad
así continuamos ordenando la familia, mi familia , mi nido , mi
s ancestros y mi descendencia, bendiciendo el orden de la existencia y
agradeciendo la forma en que se había manifestado para que mi único
regalo, mi vida fuera posible cuando estas alineada, la existencia se
manifiesta como un chorro de luz y te cuida, me dijo Pedro ya no tienes
que defenderte, porque tus padres están guardando tu espalda y
protegiendo tu ser por la eternidad
mi tarea es también infinita, honrar a mis padres y estar infinitamente
agradecida por qué me dieron la vida,
No olvidar nunca lo más simple y lo más importante
Isabel Klotz
El trabajo con la ancestrología fue para mí algo mágico,
porque lo primero que salió a la luz en la primera sesión
que hice, el primer personaje de mi árbol que apareció fue
justamente el único que no conocía, el excluido, del que
no se hablaba o si se hablaba era de sus defectos. No era un personaje
que se hubiera conocido por algo positivo.
Era el padre de mi padre, una especie de gigoló un poco inútil,
bueno para jugar.
Yo no quería algo así. Apareció en esta pérgola
y al principio estaba sumamente enojada porque no me interesaba trabajar
con ese abuelo. Y de repente aparecía en mi vida ese abuelo murió
a los 40, yo ahora tengo 53 y me hizo regio. Esa fue mi primera experiencia.
Significó darme cuenta de un pedazo de mí que yo no sabía
ni siquiera que existía y que yo negaba. Tenía que ver con
la aceptación de quien yo soy, aunque también por un lado
aceptación y por el otro también de desapego, porque al
final, cuando ya eres todos tus ancestros comienzas a sentir que ya no
quieres ser nada, y eso es lo que me pasa, ese es mi juego aquí
en la tierra.
Hablaba poco de ese abuelo porque era el innombrable. Sabía que
se llamaba Mariano, entonces me dije ‘yo me llamo María,
es decir, María de Mariano, y de Santa Maria, entonces parece que
yo soy de esa estirpe. En ese momento mi abuelo me reclama. Porque ese
abuelo tenía cara de gitano, traía ese aire gitano que en
mi familia no se ve a menudo. Él me trajo otra cosa, me trajo un
aire de otras partes, el aire gitano que en mi familia se le temía.
Pero yo soy muy gitana y me gusta.
Maria Delmar
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